Mostrando entradas con la etiqueta Investigación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Investigación. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2015

Universidades, rankings, y verdades universales


Este titular (o parecidos) hoy han corrido como la pólvora en twitter y resto de Redes Sociales (y lo hace de forma cíclica).

Fuente: http://www.elmundo.es/sociedad/2015/08/15/55cf09f0ca474119358b4573.html


"Ninguna universidad española entre las 100 mejores. Es que claro, somos unos vagos, aquí no fomentamos la excelencia, y así nos va. Fomentamos que no se busquen la vida por ellos mismos" Cita libre que resume la conversación media cuñadil en el día de hoy,

Creo que casi todos los que hemos pasado por la Universidad sabemos que la universidad española tiene problemas, y que tiene una capacidad de mejora enorme. Pero bajo este mínimo paraguas de acuerdo (se puede mejorar, trabajemos en ello), encontramos múltiples diagnósticos y soluciones.  Aquí es donde empiezan los problemas, cuando no asumimos que coincidir en querer mejorar las cosas, no es creer que existe una dirección técnica única hacia la que tengamos que ir para ser "mejores".


¿Qué significa ser mejor? ¿Qué es la calidad?
Es un debate que nos podría llevar siglos, y en el que yo mismo no creo que pudiese llegar a una definición clara, y entraría seguro en contradicciones. Y eso no es una debilidad en sí mismo, es reconocer el carácter multidimensional y claramente ideológico de definir "calidad", "excelencia", o "mejor". De lo que sí tenemos que ser capaces, en conjunto, es decidir qué significa para nosotros como sociedad la Universidad, y donde queremos llevarla. Y esto es totalmente aplicable a "los mejores hospitales de España", "las mejores facultades de Medicina (por el MIR, horror triple)", u otros ranking.

Para los intereses que han elaborado este ranking, éstas son las dimensiones por las cuales consideran que una universidad es Excelente (tabla copiadas de la metodología del Ranking Shangai , se pueden consultar más en profundidad los indicadores en la página web)



La primera pregunta que nos tenemos que hacer es, ¿eso es lo que queremos? ¿Queremos tener las universidades con más premios Nobel? ¿Queremos tener las universidades con más artículos publicados en Nature? ¿Es el gran factor de impacto lo que la sociedad busca de la investigación universitaria? ¿Qué tipo de investigación queremos potenciar en las universidades? ¿Qué tipo de docencia queremos impartir? ¿Nos importa la equidad en el acceso, o adecuar la enseñanza a las necesidades de cada uno? Estas preguntas son esenciales y básicas antes de que tomemos como dogma para decir "Ninguna universidad española entre las 100 primeras". Yo sí tengo claro que como mi objetivo no sería que mis universidades estuvieran entre las primeras en estos criterios sin priorizar otros antes.

Esto no significa que escogiendo otros criterios estemos entre los 100 primeros, o que debamos ahora estar en la inacción porque los ranking miden lo que quieren medir. Lo que significa es que debemos (re)pensar qué queremos conseguir como sociedad de la universidad; en base a eso constuir los conceptos y el armatoste ideológico, y desde ahí trabajar en una dirección clara, usando las herramientas técnicas que precisemos. Si no hacemos eso, nos subimos al carro de "este es el camino a seguir". Lo que queremos en el futuro debe ser construido en función de nuestras necesidades y deseos (lo que en algunos círculos se denominan deseidades). Si no lo hacemos nosotros, alguien lo va a hacer.


pd: Gracias a  @_AdrianHugo @Miguelfxmaker y @juliomayol por la conversación mientras escribía esto

sábado, 19 de abril de 2014

De dicotomías y conflictos


Ahora que ya pasa casi un año desde que comencé la residencia de Medicina Preventiva y Salud Pública, quiero compartir un pensamiento que me ha venido varias veces a lo largo de este año.

Me da la sensación de qué los médicos (ya ni siquiera hablo de otras disciplinas) que hacemos algo relacionado con la Epidemiología vivimos en una constante justificación de la importancia de nuestro trabajo o de la buena investigación ante el clínico. De hecho, los clínicos, con gran parte de razón observan a las personas al "otro lado" como una amenaza para su actividad clínica, que ponen trabas para poder tener unos datos que sirven sólo para satisfacer una necesidad (impuesta) de publicar papers e ir a congresos. Por otro lado, desde la Epidemiología se observa a los clínicos como unos "ignorantes científicos", y como unos médicos llenos de ego que no quieren ver más allá de la lista de pacientes de su consulta. Estos roles por suerte no son generalizados, pero (y sin cuantificar) están ahí.

Si no queremos vivir en una dicotomía constante, y que alimentemos conflictos que no deberían existir, es necesario no que nos justifiquemos, si no que aprendamos de las diferentes visiones. Para ello, y desde el punto de vista de los epidemiólogos, tenemos que tener claro qué es lo que hacemos, las limitaciones de la epidemiología como aproximación de la realidad, y las consecuencias de la investigación.

Sin dármelas de epistemiólogo, os dejo con un texto sobre filosofía de la ciencia del libro de Luis Carlos Silva "La investigación biomédica y sus laberintos".

En el primer nivel se halla la ontología, que se ocupa de determinar cuáles son los objetivos que realmente existen en el mundo que nos rodea. La energía que pudieran liberar o transformar determinadas maniobras terapéuticas, tales como la "imposición de manos" o la "moxibustión", por ejemplo, empieza por ofrecer un problema ontológico, ya que si tal energía no pudiera ser registrada o medida, a la par que su presunta existencia careciera de fundamento racional, entonces sobrarían motivos para sospechar que no existe. (...)
La epistemología por su parte estudia los procesos según los cuales el ser humano obtiene el conocimiento de la verdad sobre ese mundo existente, así como el modo de evaluar la fiabilidad de dicho conocimiento. Repárese en el carácter jerárquico arriba mencionado: ¿qué sentido pudiera tener el estudio de la posible influencia fisiológica de una energía inexistente? En tal caso, su estudio operaría en el vacío.
Otro nivel, sin embargo, concierne a la sociología del conocimiento, que atañe al grado en que las verdades conocidas o susceptibles de serlo (incluyendo presuntas verdades, y hasta aquellos conocimientos que se sabe que son falsos) están influidas o determinadas, en un contexto social dado, por factores políticos, culturales, socio-económicos, e ideológicos. Consecuentemente, es una esfera cuyo examen convoca, entre otros, a sociólogos, historiadores, comunicadores, economistas, juristas y filósofos. 
En el nivel menos primario, finalmente, se halla la ética de la investigación, que abaca a su vez dos niveles operativos: el individual y el social; con base en ella, el científico o el tecnólogo elige qué tema de investigación debe abordar o rechazar, y cómo hacerlo; las estructuras sociales por su parte, la tendrán en cuenta para establecer qué tipo de investigación debe ser socialmente estimulada o financiada, y cuál debería ser desmayada, gravada o prohibida. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Beca de colaboración: otra clase de recorte

El conflicto con las becas en los últimos años en España es notable. El ministro Wert disminuido la partida de becas generales del Ministerio, esenciales para el acceso a la Educación Superior para los estudiantes con menos recursos.

Las becas de colaboración son un tipo de becas destinadas a que estudiantes universitarios en sus últimos años de formación participen en actividades del personal docente, principalmente en proyectos de investigación. No es una beca de una gran cuantía, pero lo suficiente para despertar el interés y promocionar la actividad investigadora en las Facultades. Es una beca que para cualquiera con un interés más allá de las aulas se debería pensar pedir en los últimos años de Grado (el plazo sigue abierto, si puedes con los criterios).

Llego hasta aquí porque tuve la suerte de recibir una de estas becas para el último año en la Facultad. Colaboré en un proyecto en el área de Epidemiología y Salud Pública. La experiencia es muy extensa para resumir, pero lo esencial es que la beca y la introducción al mundo de la investigación han marcado la visión que tengo de la Medicina, y en gran parte la especialidad que he decidido hacer.

Con los recortes de los últimos años tenía curiosidad por ver como habían quedado las becas de colaboración, así que me puse a ver la convocatoria.


Lo primero que me llamó la atención fue ver los requisitos que se piden para esta beca, que, fuera de los que caracterizan esta beca (estar cerca de acabar la carrera) tiene unos académicos en función del expediente, y que en 2013 son estos:

                                Fuente: BOE

¡Un 8 de media para pedirla en Medicina! No tengo los datos de cuáles son los expedientes medios de los estudiantes de Medicina, pero creo que es una nota con la que vas a dejar fuera a bastantes estudiantes, desde luego.

Yo recordaba que no podía tener ese expediente cuando estaba en 5º, por lo que repasé los criterios del año en que yo la solicité (2011) y me encontré con:

                                Fuente: BOE

¡6,5 para Medicina! Con 1,5 de diferencia. A esto si llegué, porque la beca la tuve. ¿y en 2012, el año entre medias?
                                Fuente: BOE

¡Un 7! Parece que cada año es una sorpresa el expediente que te van a pedir para poder solicitar la beca.
Ya que estaba, me tomé la libertad de comparar el número de becas, el número que le corresponden a la Universidad de Alcalá, la cuantía ofertada y la nota para poder pedir esta beca si eres estudiantes de Medicina en las últimas 3 convocatorias.

Año
Becas totales
Becas UAH
Exp mínimo
Cuantía total
2011
3304
49
6,5
2700 €
2012
3304
54
7
2700 €
2013
2356
41
8
2000 €

Por lo tanto queda claro que se ha sufrido un recorte a 3 niveles de las becas de colaboración:
  •           Número de becas: casi reducidas en un 30% en el total
  •           Cuantía de la beca: de 2700 a 2000 €
  •           Expediente: en el caso de Medicina ha pasado de ser un 6,5 a un 8. La diferencia entre un estudiante medio y uno con media alta.


¿Por qué el aumento del expediente es otro recorte?

Me quiero detener en este punto, ya que mucha gente podrá pensar que un aumento en la nota de corte es igual a aumentar la excelencia, y que las becas deben ser sólo para los alumnos excelentes (asumiendo que el expediente sea el único criterio de excelencia de un alumno, algo claramente falso). 

La nota mínima que se pide es para poder pedir la beca, de manera que cualquier alumno con menos de esa nota que pueda ser excelente por otros motivos se queda fuera de la convocatoria. Da igual si su ilusión es trabajar en una línea y  necesita el dinero, da igual si lleva ya un tiempo en un grupo y quiere trabajar de manera algo remunerada…. Necesita un 8.

Esto, en una beca que ya de por sí en algunas titulaciones es totalmente desconocida (y ahora me pongo la minibata de ex estudiante de Medicina) y que supone un desafío para un curso como el de 6º en el que la mayoría ya tiene puestos los ojos en el examen MIR, supone un drama todavía mayor. Esto significa que un aumento de los criterios de acceso es otro tipo de recorte; silencioso, pero igual de efectivo, porque impide que se acceda a la beca

Esto a lo mejor puede parecer una trivialidad, pero en el caso de unas becas orientadas sobre todo a acercar la investigación a los jóvenes es especialmente grave. Nos llenamos la boca con la calidad de los jóvenes investigadores, pero no sólo estamos expulsando a estos jóvenes investigadores fuera de nuestro país, es que estamos impidiendo que llegue a haber nuevos.

Creo que en el caso de estudiantes de Medicina es especialmente grave. Fomentar la investigación y la formación científica es un imperativo ético indudable en la formación de cualquier profesional médico; tanto para los futuros clínicos, los cirujanos, los de laboratorio, o los que se dediquen a actividades puramente investigadores. El currículum formativo del estudiante de Medicina ha dado pequeños saltos en la mejora de la formación en competencias asistenciales (aunque se han perdido oportunidades); sin embargo, la formación en metodología y en investigación parece haber sufrido un parón, y que se hace que se vea el conocimiento en ciencia como algo alejado de la Medicina (¿para qué tengo que saber estadística? ¿Por qué la epi es de lo más preguntado en el MIR? Son frases muy repetidas). Otro día entramos en la importancia de la formación en investigación dentro de los futuros médicos.

Yo me considero en parte investigador (en formación), y si estoy en una especialidad médica como la que estoy, y he decidido este camino, es en gran parte por la suerte que tuve de acceder a esta beca. Sin el dinero de la beca es posible que no hubiese podido emplearme en ello, y a lo mejor el futuro me hubiese deparado otro camino diferente.

Los cambios en los criterios de las becas de colaboración suponen, por tanto, un especial azote para los estudiantes de Medicina. Una nota media de 8 no es lógica si quieres que el acceso a esta beca sea equitativo, y deja fuera a aquellos que por otras obligaciones (entre ellas tener que trabajar) no llegan a ese expediente. Y no es que sea un amigo del expediente por no tenerlo muy alto; puede ser una de las dimensiones de los criterios de dotación de las becas, pero una nota de 8 en el acceso no tiene ningún sentido.

Recortes en becas y recortes en ciencia. Mala combinación

Edito 14/09: gracias a @desaze por recordarme que no hay que olvidar que la evaluación de estas becas es un punto pendiente. Igual que se debe permitir equitativo, debe acreditarse la evaluación de las becas para evitar en lo máximo posible el fraude, que también es una lacra para que las becas cumplan su función.



domingo, 4 de agosto de 2013

Política e ideología: las palabras odiadas

El pasado 24 de julio, en la rueda de prensa tras la anulación de la supresióncautelar de la privatización de los hospitales públicos madrileños que dictó elTribunal Superior de Justicia Madrileña (TJSM) al recurso del Partido Socialista de Madrid, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid (Lasquetty) criticó el recurso contra la privatización de esta manera  (via @elenasevillano, periodista de El País).


¿Cómo no va a ser un recurso político si pretende influir en la política? ¿Cómo no va a ser un recurso ideológico si viene determinado por las ideas y la visión del mundo que tienen los miembros del PSM? OTra cosa sería decir que se intenta hacer uso partidista, o que es oportunista; pero esas no son nunca las palabras escogidas (y no se si intencionadamente).

No voy a entrar en la hipocresía que me pueda parecer que el PP de Madrid quiera sacar este plan a toda costa, sin ninguna discusión técnica, con las dudas que pueda haber desde la discusión científica. Lo que me preocupa hoy en parte, y que he recordado con las palabras de Lasquetty, es el desprecio hacia 2 palabras que parece que van asociadas con todo lo malo que nos pasa: política e ideología.


El odio a la palabra política
Varios años de decisiones impopulares e ineficaces del partido político que estuviese gobernando han llevado a un desencanto (ganado con fuerza) de la ciudadanía con la clase política más que evidente (un buen análisis de este desencanto en esteartículo de Agenda Pública). Este desencanto parece haberse extendido hacia la misma existencia de la política, o de las decisiones políticas, provocando que incluso muchos de los grupos que defienden acciones políticas y sociales alternativas se declarasen antipolíticos, cuando claramente lo que querían era alejarse de las decisiones partidistas que venían “gobernando” en los últimos años.

Lo malo y perjudicial para la sociedad no es la existencia de la política o los partidos políticos (al menos desde mi punto de vista), sino de las malas políticas y partidos. Es la política uno (no el único) de los instrumentos con los que podemos cambiar las cosas, sobre todo si nos damos cuenta que la política y la acción política trasciende a votar cada 4 años a un partido.

Para la salud la política es todavía más, una(s) buena(s) política(s) pueden mejorar (o empeorar) la salud de la población de una manera que la atención médica por sí sola no puede llegar a alcanzar (en este más que recomendable libro de  Geoffrey Rose se hace una extensión de las formas en las que la política puede influir positivamente en la salud, a través de acciones poblacionales).


La ideología: algo que parece que queremos evitar
Con la ideología pasa más o menos lo mismo. La definición de la RAE se aleja bastante de la visión partidista que se hace de la palabra. Parece que posicionarse ideológicamente en cuanto a cualquier aspecto político es igual a tener que defender la postura del partido más “cercano” a esa idea. Se ha simplificado que la política y la ideología son exclusivas de los partidos, y nos olvidamos que todos tenemos ideología, y que nuestras decisiones tienen que ver bastante con nuestra visión del entorno.

En Medicina, y de forma más general en la investigación, la mención de la ideología suele ser sinónimo de sesgo, y de pérdida de objetividad. No hay nada más cierto que el método científico tiene en parte la misión de eliminar la subjetividad en la búsqueda de respuestas, y que la medición de los resultados sea lo más independiente posible. Pero nos olvidamos que la evidencia científica se genera tras comprobar una hipótesis; hipótesis que viene de la observación, de la evidencia generada hasta ahora, y de nuestra visión del mundo, del conjunto de nuestra ideología; hipótesis que una vez comprobada o rechazada mediante el método científico, llevará a nuevas realidades. Y es de lo más bonito que tiene la ciencia, que no es estática, las visiones del mundo y tu ideología cambia, y es que las distintas visiones del mundo inter e intrapersonal son las que llevan al progreso. 

El problema, por tanto, no viene de que exista ideología, sino de interponer tu visión a la comprobación de la hipótesis. Como alguna vez le he escuchado de forma no literal a Javier Padilla (y resume en este post): las preguntas que te haces vienen determinadas de tu ideología, no así debe ser con las respuestas que encuentres.

Aun así, para otro momento, dejamos como la bioestadística está no está exenta de total subjetividad, y que asumirla para llegar al método científico más objetivo es esencial.

Supongo que gran parte de este "asco" con el uso de la ideología o de la política viene de una mala interpretación de sus definiciones, y a la profunda desafección hacia quienes se han apoderado de las palabras. A pesar de todo, la presencia de ideología en la generación de la evidencia es un debate muy extenso, a la que he querido dar una pequeña visión personal.

Dejo un comentario de Julian Tudor Hart a un artículo sobre evidencia e ideología que es en la que me basé para publicar esta entrada

Quizá aun hay muchos nostálgicos del: "Hijo, haz como yo y no te metas en política"

sábado, 15 de junio de 2013

Credulidad y superchería

Estaba leyendo el libro que aprovecho para recomendar “La Investigación biomédica y sus laberintos” del salubrista cubano Luis Carlos Silva Ayçaguer (disponible aquí), y me he encontrado con un relato que apareció en el diario alemán Der Spiegel en 1994, y que voy a reproducir a modo de cita:


Durante un viaje de negocios a Nueva York, un hombre de California sufre una súbita y aguda dolencia bucal como consecuencia de la cual se ve obligado a visitar con urgencia a un estomatólogo. Este diagnostica una grave inflamación periodontal e indica un tratamiento de urgencia. 
Antes de recibir acción terapéutica alguna, el enfermo decide consultar telefónicamente a su distant healer, que se halla en el otro extremo del país El sanador se informa detalladamente del caso y coordina con su cliente una consulta a distancia: exactamente a las ocho de la noche, en la habitación de su hotel, el enfermo habría de concentrarse y entrar en “contacto” con el sanador. El terapeuta, por su parte, estaría exactamente a esa misma hora enviando energías positivas y restauradoras al paciente. El hombre de negocios hace lo que se le ha indicado y, unas horas después, el dolor desaparece totalmente. A la mañana siguiente regresa a ver al dentista para que lo examine. El especialista neoyorquino primero no puede creer lo que o ye pero después no puede creer lo que ve: no hay rastros de la infección. ¿Se ha producido una cura milagrosa? Presa del asombro, decide llamar a California y consultar al responsable de tan portentoso efecto psicosomático para preguntarle qué diablos había hecho el día anterior a las cinco de la tarde (ocho de la noche, hora de la costa Este). 
-¿Ayer a las cinco?- preguntó, sin comprender, el sanador. -Sí: ¿cómo procedió para tratar a distancia esa gingivitis?- La respuesta fue:-¿Curación a distancia? ¡Demonios, se me olvidó por completo esa cita-


Desconozco si la anécdota es real o no, poco nos importa para el caso. A pesar de la simplicidad de esta historia, creo que de ella podemos extraer algunos de los elementos que rodean la investigación biomédica, y el proceso de enfermedad:


  • Los charlatanes y el fraude médico, totalmente alejado de la ciencia, escenificado en el distant healer, y sus técnicas para obtener parte de la cuota de mercado de un pobre paciente.
  •  La aparición de los charlatanes y otras técnicas para aprovecharse de los enfermos, tienen parte de su origen en dos hechos: la vulnerabilidad de cualquier persona enferma y el difícil hecho de no conseguir aceptar que la Medicina y la ciencia no tienen cura para ni solución todas las situaciones. Es cierto que las infecciones periodontales sí tienen tratamiento, pero nos olvidamos que no siempre los tratamientos funcionan, y que el proceso de enfermedad es complejo.
  •  El proceso de enfermedad es tan complejo, que sin todavía conocer los mecanismos, hay enfermedades que pueden superarse de forma espontánea (ver aGervas), y el poder del efecto placebo.
  •  Por último, recordar que cuando se prueba un tratamiento en un ensayo, intentas demostrar que el tratamiento es mejor que no hacer nada o mejor que hacer lo que había hasta ahora, no intentas demostrar que todo el mundo que sea sometido a ese tratamiento vaya a superar la enfermedad por ese tratamiento.



Referencias:

Luis Carlos Silva Ayçaguer: La investigación biomédica y sus laberintos: En defensa de la racionalidad para la ciencia del siglo XXI. Editorial Diaz de Santos
Juan Gervas. Cáncer: reivindicación de la emoción en clínica e investigación. Acta sanitaria.